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LA EDAD DE LOS METALES
Florentino Sánchez Martín


La prehistoria es la primera etapa de la historia y la más larga. Es un largo período abarca desde la aparición de los seres humanos hasta la aparición de la escritura.
La Prehistoria se divide en dos etapas: La Edad de Piedra y la Edad de los Metales.

La Edad de Piedra empezó hace unos cinco millones de años. Se llama así porque se utilizaba la piedra para fabricar muchos objetos. Se divide en dos períodos: el Paleolítico y el Neolítico.


La Edad de los Metales es el último periodo de la prehistoria. Comenzó hace unos siete mil años. Recibe este nombre porque las personas aprendieron a utilizar metales para elaborar utensilios. Además, inventaron la rueda y el arado, y fundaron las primeras ciudades.


Hace unos siete mil años, los seres humanos aprendieron a fundir y forjar los metales para fabricar objetos. Primero emplearon el cobre, más tarde el bronce y, finalmente, el hierro.


Con los metales hacían armas, como espadas y hachas; adornos, como broches o brazaletes; y herramientas, como azadas y hoces. Los objetos de metal eran mucho más resistentes que los que se fabricaban con piedra.


Las aldeas situadas en las zonas donde había muchos metales crecieron y se convirtieron en pequeñas ciudades. Las ciudades estaban rodeadas de murallas de piedra. Sus habitantes contaban un jefe y guerreros para defenderla.


En las ciudades aparecieron nuevos oficios como la artesanía, aunque la mayor parte de la población se dedicaba a la agricultura. Se inventó el arado, que permitió labrar grandes extensiones de tierra en menos tiempo y producir más alimentos que los que podían consumir.


Los alimentos que les sobraban los intercambiaban por herramientas, tejidos o recipientes de cerámica. Así surgió el comercio.


El arado permitió labrar gran cantidad de tierra en menos tiempo y producir más alimentos.
La rueda mejoró el transporte por tierra y permitió trasladar en carros personas y mercancías más pesadas.


La vela permitió a los barcos aprovechar la fuerza del viento para moverse más deprisa.
Se construyeron barcos más grandes que permitían llevar más personas y mercancías.