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EL OLFATO, GUSTO Y TACTO
Florentino Sánchez Martín


El olfato nos permite percibir los olores.
La nariz es el órgano del olfato.


En la parte interna de la nariz, es decir, en las fosas nasales, está la mucosa olfativa o pituitaria, de la que sale el nervio olfativo.


Los olores entran en la nariz con el aire que respiramos por los orificios nasales y llegan a la pituitaria, que reconoce los olores y manda la información al cerebro por medio del nervio olfativo.
En el cerebro se reconocen los olores.


El gusto nos permite conocer los sabores.
El órgano del gusto es la lengua.


La lengua es un órgano musculosos, en su superficie se encuentran las papilas gustativas, que se encargan de percibir los sabores.
De las papilas gustativas salen los nervios gustativos.


Cuando masticamos los alimentos, se desprenden los sabores que son percibidos por las papilas gustativas y que, a través de los nervios gustativos, mandan la información al cerebro. En el cerebro se reconocen los sabores.


El sentido del tacto nos permite percibir la temperatura, la presión, el dolor, la textura y la dureza.


La piel es el órgano del tacto.
La piel recubre todo nuestro cuerpo pero unas zonas son más sensibles que otras.


La piel tiene dos capas: la epidermis y la dermis.
En la dermis hay terminaciones nerviosas diferentes que captan los estímulos del exterior y los transmiten al cerebro por los nervios del tacto.


Las terminaciones nerviosas de la piel captan los estímulos que se producen en el ambiente y mandan la información al cerebro por los nervios del tacto.
En el cerebro se reconocen estos estímulos.